ELEOMAR QUINTERO

11 años

Eleomar Quintero convirtió su casa en una escuela

El niño, de 12 años de edad, es el ganador del segundo lugar en la categoría Relato del concurso La escuela que es mi casa (de 10 a 12 años), organizado por El Pitazo y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Cuenta que para estudiar desde casa, convirtió una habitación en salón de clases

Por: Catherine Medina | Distrito Capital | El Pitazo

A Pablo Picasso, creador del cubismo, se le atribuye la siguiente reflexión: “Me tomó cuatro años pintar como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño”. Un escritor puede sacar su licenciatura en el mismo lapso de tiempo, pero quizás le tome toda una vida aprender a hacerlo como Valeria Díaz.

Valeria es una niña venezolana de 12 años, ganadora del primer lugar en el primer grupo de la categoría relato del concurso La escuela que es mi casa, realizado por El Pitazo y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) Venezuela.

Leer a Valeria es convencerse de que el túnel por el que transitan los venezolanos en la actualidad finaliza en una luz brillante. Leerla es sorprenderse gratamente de que existe una generación que conoce la obra de Mireya Tabuas, que sabe quién es la dirigente y premio nobel Malala Yousafzai, se solidariza con su causa y entiende la gravedad de las injusticias que ha enfrentado. Pero también es entender el dolor de la pandemia desde los zapatos de una niña que, en nueve meses, solo salió tres veces de su casa. Que no ha podido ver a sus compañeritos. Que tuvo que migrar sin poder despedirse de nadie.

Valeria, acompañada por su madre a lo largo de una entrevista realizada por Zoom, es de palabras cortas pero precisas. Habla bajito porque es tímida, pero con una dicción que cualquier presentador de la televisión venezolana envidiaría. Tiene el pelo largo, castaño y brillante, como la heroína de algún cuento escrito por Hans Christian Andersen.

Pero ella está más inclinada a los cuentos de los hermanos Grimm (su favorito es La pastora de gansos), y su libro favorito es Cuentos de amor, de locura y de muerte, de Horacio Quiroga. “Fue lo primero que guardó en su maleta cuando migramos”, dice su madre, Alcilady Palacios, visiblemente orgullosa de su hija.

De hecho, fue Alcilady quien encontró la convocatoria de La casa que es mi escuela a través de las redes sociales de El Pitazo, y conociendo el gusto de su hija por la lectura y la escritura, la motivó a participar. Valeria lo hizo con un conmovedor relato sobre su vida en pandemia y lo enriqueció con una denuncia sobre la situación de los niños en Venezuela. Le colocó por título El día que todo cambió.

La joven autora describe este relato como “una denuncia en nombre de los niños que no están recibiendo educación en Venezuela, ya sea porque no tienen dinero o los recursos para poder estudiar y deben vender cosas en la calle”. Explica su tristeza al ver la indiferencia con la que la sociedad y las autoridades observan este problema, y afirma, categórica, que Venezuela se está quedando sin futuro.

Valeria recuerda que en su calle de residencia en el municipio Baruta, en Distrito Capital, veía todo el tiempo a niños trabajando bajo la lluvia o bajo el sol inclemente en vez de estar resguardados en una escuela, aprendiendo. “Ellos no deberían estar en esa situación”, explica.

Alcilady recuerda que lloró al leer el relato de su hija por primera vez. “Es fuerte lo que ella escribe”, comenta. “Es una realidad, algo que está pasando. Ella se siente impotente, triste, porque no entiende cómo los niños que deberían estar estudiando en un colegio, vagan por la calle vendiendo cosas o comida, desaliñados y desprotegidos”, reseña la madre.

También demuestra su frustración cuando Valeria le pregunta qué va a ser del futuro de Venezuela cuando su niñez y juventud deambula por las calles. “Me lo preguntaba y yo no tenía una respuesta. No la tengo aún”, confiesa.

En la obra de Valeria se mezclan la frustración que los corazones nobles sienten ante las injusticias con el agradecimiento de tener una mamá y un papá amorosos, responsables y dedicados. Describe su antiguo colegio como un castillo blanco, con un patio de árboles con flores de colores que podrían ser apamates, araguaneyes o plumerias, según lo conciba el lector en su imaginación.

Del triunfo se enteraron un domingo en la mañana. “Una buena noticia en medio de todo”, recuerda una sonriente Alcilady. A Valeria se le ilumina el rostro recordando el momento en el que se supo ganadora, ya que no pensaba que su relato era capaz de conquistar el primer lugar. La humildad es, ciertamente, una cualidad que dominan pocos de los mejores escritores, y Valeria lo es en gran medida.

A raíz de una asignación escolar, Valeria entrevistó a la periodista y guionista Mireya Tabuas, con quien mantiene una comunicación regular vía Whatsapp. De hecho, ella fue su referente a la hora de escribir y una de las primeras en enterarse del logro de Valeria.

Quiere seguir inscribiendo, aunque aún necesita domar la entrada de la inspiración. Le gustan las carreras relacionadas con el arte y, definitivamente, la escritura se perfila no solo como uno de sus grandes talentos, sino también como una de sus grandes pasiones.

Aún le queda tiempo para escoger. Hay que recordar que apenas tiene 12 años. Dedica su premio a todos los niños en situación de calle y espera que su denuncia llegue lejos, hasta que puedan escucharla aquellas personas con la capacidad de atenderla. ¿Qué mueve a Valeria? La esperanza con la que, en sus propias palabras, se abriga, se protege. Y bajo ella se escuda.