La improvisación dejó a Venezuela seca, a oscuras y cocinando a leña

Los grifos están abiertos, pero no llega agua. La comida es hecha a leña, no hay gas. Las velas están a la mano, nunca se sabe cuándo el servicio de energía eléctrica puede dejarnos a oscuras. 

La nación que fue potencia hoy es solo una reminiscencia. En las últimas dos décadas las capacidades del Estado para atender las necesidades básicas de la población se han ido desdibujando. Así, aquella Venezuela con una de las industrias petrolera y de producción gasífera más grandes del mundo, con un sistema hídrico robusto que incluso fue referencia, el país que generaba energía eléctrica suficiente para abastecer sus necesidades y vender a sus vecinos, quedó solo en la memoria de algunos.

Los 21 años del chavismo en el poder han transcurrido entre promesas sin mayores frutos. Hugo Chávez y Nicolás Maduro se han jactado de obedecer al pueblo, pero lejos de ello, ha sumergido a ese pueblo en una debacle tal que tener gas se convirtió en un lujo, contar con agua en una proeza y encender una luz es casi que un milagro.

La luz se fue apagando

Alguna vez hubo una Venezuela iluminada y con todo un ejército de trabajadores detrás que de forma continua evaluaba, proyectaba y planificaba el crecimiento del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

La planificación consistía en proyectar a 20 años el tamaño de la población, el crecimiento de la economía y, muy particularmente, el auge de las industrias básicas de Guayana, conglomerado que llegó demandar hasta 25% de la electricidad producida en el país. Así lo explica a TalCual el ingeniero eléctrico Víctor Poleo. 

“La planificación eléctrica se inició en 1948 con consultores norteamericanos y se consolidó en 1955 con consultoría inglesa para la planificación de los desarrollos hidroeléctricos del bajo Caroní. En los años 60, la Electricite de France realiza para Cadafe un plan eléctrico nacional”, dice. Agrega que en los años 70 se planificó hasta finales del siglo XX, luego en los 80 se planificó hasta 2010, y al llegar el nuevo milenio la planificación que se realizó fue hasta el 2025.

Poleo resalta que Venezuela pasó de ser un país rural a estar en la vanguardia entre naciones urbanas. Incluso, en el 2000 se veía necesario tener lista para 2012 la presa Tocoma, otra de las obras del complejo del bajo Caroní, o de lo contrario en el país habría déficit. La obra no se levantó. Su ejecución fue contratada con la constructora brasileña Odebrecht, y ya sabemos cuáles fueron las consecuencias de todas las obras encomendadas a la cuestionada compañía.

El último plan eléctrico con un horizonte a 20 años se hizo en el 2000 con la consultoría de Idese bajo el paraguas del Ministerio de Energía y Minas (MEM), pero ya a partir de los años 2003-2010 la planificación es reemplazada por la improvisación.

Del sistema que surtía de energía eléctrica a parte de Brasil y Colombia solo quedan plantas y estaciones tapadas por la maleza, operando a media máquina y con profundas fallas de generación, transmisión y distribución.

Con la llegada de la improvisación al sector, el país paulatinamente fue apagándose. Solo en 2020 se registraron 157.719 cortes, mientras que el primer trimestre del 2021 cerró con más de 15.000 fallas, según datos aportados por el Comité de Afectados por los Apagones.

La presidenta del comité, Aixa López, recuerda que alguna vez la industria eléctrica tuvo profesionales de referencia; la mayoría de los cuales ya no están debido al abandono de los puestos de trabajo por caóticas condiciones laborales y la cada vez más profunda emergencia humanitaria compleja que ha obligado a muchos a migrar.

A su juicio, la improvisación y la politización fueron las causas que apagaron al país. Argumenta que ha habido muchos anuncios de supuestas inversiones que no se ven reflejadas en mejoras.

En octubre de 2018 una explosión en la subestación eléctrica La Arenosa, en el estado Carabobo, dejó sin luz al menos a 13 estados. Cinco meses después, en marzo de 2019, se produjo un gran apagón nacional. La falla fue calificada de sabotaje por el entonces ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez. Solo en el primer semestre de ese año se registraron seis grandes apagones.

Es así como Venezuela llega a la segunda década de este siglo XXI con una capacidad instalada de 37.000 megavatios, pero con solo 10.000 mw disponibles. Dicho de otra forma: solo 27 de cada 100 megavatios instalados están disponibles.

Aixa López se refiere a Guri, el corazón eléctrico del país, para clarificar cómo está el grueso del SEN. Detalla que el complejo, que en teoría tiene una capacidad de generar 10.235 megavatios en 20 turbinas, solo funcionan siete y no a su máxima capacidad.

El caso de las termoeléctricas es similar. Explica que el caos eléctrico en el que se ha sumido la nación se mantiene porque las termoeléctricas, cuyo objetivo es ayudar a las hidroeléctricas cuando presentan algún problema, están igual de deterioradas. 

Y el grifo se cerró

Excepto por la culminación de la presa El Diluvio, llamada a aplacar los ancestrales problemas de suministro en Maracaibo, en los últimos 20 años no se construyeron nuevas obras en el sistema hídrico nacional. Así lo detalla el exvicepresidente de Hidrocapital, José María de Viana, quien recuerda que entre 1999 y el 2000 se distribuían 147.000 litros de agua por segundo y hoy solo la mitad.

“Para el inicio de nuevo milenio había un plan para robustecer el sistema hídrico que se formuló en los 70 y se revisó en los 80. Significaba que en los últimos 20 años se debía incrementar el suministro entre 20% y 30%. En el plan se determinaba de dónde traer esa agua adicional. En el caso de la gran Caracas era el Tuy IV, pero se gastó plata y ninguna de las obras tuvieron feliz resultado”, dice.

No se le vio el queso a la tostada. De acuerdo con De Viana, entre 2004 y 2014 se gastaron aproximadamente 10.000 millones de dólares en un sistema que no se mejoró, una cifra que supera lo invertido desde que comenzó la electrificación de Venezuela.

El exfuncionario recuerda que en 1957 se construyó el Tuy I y aportaba 4.000 litros de agua por segundo a Caracas. En 1999 pasó a distribuir 20.000 litros por segundo. Lo que a su juicio evidencia que en los 43 años de diferencia cada gobierno aumentó al menos mil litros por gestión.

Golpe tras golpe

Como si la falta de agua no fuese suficiente suplicio, al drama de los venezolanos se ha sumado la falta de gas doméstico. Lo que un día fue un servicio público hoy es un lujo que muchos venezolanos no pueden costear, obligando a parte de la población a incluir en su dinámica diaria la cocina a leña.

Para el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros y Gasíferos, Iván Freites, que Venezuela se haya convertido en un país en el que la gente no puede acceder al servicio de gas se basa en tres hechos ocurridos en las últimas dos décadas.

La Venezuela gasífera de la que en algún momento habló el expresidente Hugo Chávez quedó en el olvido, y para muestra un botón. Iván Freites expone que mientras en 2010 el consumo de gas era de 45 millones de pies cúbicos diarios, ahora no llega ni a cinco millones. 

Detalla que la partida de personal especializado se produjo, en principio, por las cada vez más precarias condiciones laborales y luego por la ola migratoria desatada por la profundización de la emergencia humanitaria compleja.

La caída de la producción gasífera también está relacionada al deterioro de la industria petrolera. Freites sostiene que Venezuela debería producir entre seis y ocho millones de barriles diarios. En este sentido, enfatiza que recuperar el servicio pasa porque se atiendan los problemas en Pdvsa, tomando en cuenta que al menos 90% del gas que se extrae está asociado al petróleo.

“80% de las bombonas que hay en el país no están aptas para salir al mercado. De los 15 millones de bombonas que se necesitan para satisfacer la demanda, solo 3 millones son aptos para la venta”
Iván Freites | Directivo de SNTPG

Durante su gobierno, Hugo Chávez prometió la gasificación del país; algo que quedó, como muchas otras cosas, en promesas. En 2007 se planteó incorporar a 3 millones 260 mil hogares y 30 mil establecimientos comerciales al suministro de gas por tuberías para el año 2016. 

El fallecido líder aseguró en su programa Aló Presidente número 294 que se pisaría el acelerador al Plan de Gasificación Nacional en todas las ciudades del país. “Hemos decidido acelerar el plan, puesto que es muy importante el éxito en estos primeros pasos, para luego avanzar más” dijo. Aunque aseveró que Venezuela vería llegar el día en que “el gas estará en todo el país, en todas las ciudades, grandes, pequeñas y medianas, gracias a la distribución por tuberías”, esto no ocurrió al menos hasta ahora.

Ni gas por bombonas ni gas directo. Según datos de la Federación de Trabajadores Petroleros de Venezuela, en el país solo 12 % de los hogares cuenta con gas directo o por tuberías. Es decir, menos de dos de cada diez viviendas.

Aunado a esto Aixa López, presidenta del Comité de Afectados por los Apagones, sostiene que se puede recuperar el sistema eléctrico, pero para ello es necesario hacer un balance a los entramados, es decir, verificar a profundidad qué requiere el sistema de generación, transmisión y distribución; tomando en cuenta que los más deteriorados son los dos primeros. 

En cuanto a la recuperación del sistema hídrico, el expresidente de Hidrocapital, José María de Viana asevera que dependerá de que se hable menos y se actúe más. Afirma que no hay que construir nada nuevo, sino reparar y rehabilitar lo que hay.

El proceso, asegura, se debe iniciar con la atención a los sistemas de transporte de agua desde las fuentes a las ciudades y las plantas de tratamiento. Enfatiza que en estos dos elementos está el problema más serio, porque además que las redes de distribución no trabajan en su máxima capacidad, el agua que llega a los hogares carece de condiciones de potabilidad.

“Aún hoy la infraestructura de Venezuela es envidiable. Cuando construimos el Tuy I era único a nivel mundial. En 1956 Europa acababa de terminar la guerra y nosotros terminamos una obra con grandes tuberías y bombas. Éramos un país líder en obras sanitarias con casi cien embalses”, apunta. 

Por su parte, Iván Freites, representante del sector petrolero, opina que para resolver el problema de la industria es necesario restablecer la democracia; además de devolver a los trabajadores las condiciones laborales perdidas. Adicionalmente, se hace imperativo recuperar la cantidad de bombonas que necesita el país -más 15 millones para poder reimpulsar el mercado interno.