CRISBEL GÓMEZ
CRISBEL GÓMEZ
Convencida de que estaba en el camino correcto
CRISBEL GÓMEZ
CRISBEL GÓMEZ
Convencida de que estaba en el camino correcto
Un superior de Crisbel Gómez le contó a su abuelo que ella era una de las mejores militares que había tenido a su cargo, incluso más destacada que muchos hombres. En diciembre de 2025, ella no pudo continuar en las celebraciones navideñas junto a su familia porque tenía una guardia que cumplir
Crisbel Gómez disfrutaba pasar tiempo con sus abuelos en Pavía, el pueblo del oeste de Barquisimeto en el que creció junto a ellos. Estuvo unos 15 días de visita, y se fue justo en medio de los preparativos para las fiestas decembrinas. No podía pasar ni Nochebuena ni Año Nuevo allí. Tenía 20 años y una guardia que asumir.
Crisbel siempre quiso ser militar. Estudió primero en la Guardia Nacional. No continuó porque una doctora le recomendó que desistiera debido a que había nacido con el labio hendido. Aunque algunos familiares también trataron de convencerla, ella decidió seguir: se alistó en el Ejército y se graduó como sargento 2do en julio de 2025.
Y este diciembre, con la convicción de que estaba en el camino correcto, fue a cumplir con su guardia. Tenía previsto volver pronto: en febrero se sometería a una cirugía en Barquisimeto para corregir la malformación en su boca.
La noche del 2 de enero, José, el abuelo de Crisbel, se acostó a las 10:00 de la noche. Su esposa, que trabaja en el Hospital Luis Gómez López de Barquisimeto, estaba trabajando, y a las 5:00 de mañana del 3 de enero lo llamó preocupada por su nieta. Veía en redes sociales que Estados Unidos había bombardeado Caracas.
José no pensó nada malo, porque la joven estaba asignada al Fuerte Guaicaipuro, en el estado Miranda. Pero la tranquilidad duró poco: su hijo, el padre de Crisbel, recibió una información según la cual a ella la habían mandado, la noche antes, de comisión para Fuerte Tiuna.
Comenzaron a llamarla por teléfono. No caía. A las 6:00 de la mañana vieron, en los estados de varios compañeros, la foto de Crisbel acompañada con un lazo negro: por más que les preguntaban a esos muchachos qué había pasado, ninguno respondía algo concreto.
Desesperado, el padre de Crisbel viajó en moto unas tres horas desde Chabasquén, en el estado Portuguesa, donde vivía, hasta Pavía. Fueron hasta la sede de la 14 Brigada de Infantería Mecanizada de Barquisimeto, donde se había formado Crisbel, creyendo que podrían darles noticias.
Nada, no sabían nada.
En vista de lo que sucedía en Caracas, en el Terminal de Pasajeros de Barquisimeto no estaban trabajando. No había forma de salir de la ciudad a menos que fuera en un carro particular. Lograron hacerlo con un conocido.
El padre de Crisbel llegó a Caracas hacia las 2:00 de la madrugada del 4 de enero y fue directo a la morgue de Bello Monte: le mostraron varias militares fallecidas. Ninguna era su hija.
Los funcionarios que lo atendieron se dieron cuenta de que él tenía una información errada: le aclararon que a Fuerte Tiuna nunca llegó una comisión proveniente de Fuerte Guaicaipuro, pero que ese lugar también había sido atacado con misiles. Le sugirieron que se trasladara a la morgue de Valles del Tuy, en el estado Miranda.
Y al llegar ahí, constató que, en efecto, la tercera de sus cuatro hijos había fallecido.
Ahora, a poco más de un mes, José cuenta que en un acto en el que le rindieron honores a los fallecidos pudo despejar sus dudas: supo que Crisbel había estado de guardia el 2 de enero, desde las 5:00 de la tarde hasta la 1:00 de la madrugada. Que a esa hora se bañó y salió de los dormitorios para llamar a su papá. Y que, al colgar, se quedó afuera, sentada, quizá apreciando la luna llena, y fue en ese momento que observó los drones.
Ella corrió a buscar un fusil, y disparó, pero en ese instante cayó un misil.
—Me cuentan que Crisbel fue afectada por la onda expansiva que la voló varios metros. Que también tenía unas heridas de disparos, porque los drones le dispararon —relata el abuelo.
Ese día, también supo otras cosas de su nieta: un general de apellido Padrón le aseguró que Crisbel era una de las mejores sargentas que tuvo a su cargo. Le contó que una vez había manejado una tanqueta; que había sido la única mujer del curso en hacerlo, y que su desempeño había sido mejor que el de varios hombres.
José se siente orgulloso de su muchacha. Eso dice mientras los ojos se le llenan de lágrimas. Crisbel fue ejemplo para su hermana mayor, quien ahora estudia la carrera militar. Con esto que sucedió, los abuelos temen que algo malo le ocurra también a ella, pero la nieta les expresa que todo lo contrario:
—Ahora más que nunca llevo el uniforme con mucho orgullo, siento un doble compromiso: por mí y por Crisbel.
Crisbel Gómez fue ascendida post mortem a sargento 1ro en un acto presidencial en el Comando General de la Guardia Nacional en Caracas. Su familia recibió la orden Juan Jacinto Lara por parte de la Gobernación de Lara y, de manos del alcalde de Iribarren, Yanis Aguero, la Orden Juan Guillermo Iribarren en su Única Clase.
