Un equipo de ARI recorrió seis parroquias de Caracas para visitar 17 edificios de la Opppe y verificó in situ los daños que presentaron estas construcciones a tres meses del doblete sísmico del 24 de junio. Se constató que 14 de estos conjuntos residenciales tenían etiquetas amarillas, lo que indica una afectación intermedia. Para indagar el impacto de los terremotos, dos ingenieros acompañaron a los periodistas y en cada visita se completó un formulario para conocer datos del edificio —como el número de torres, pisos o apartamentos por nivel— y el estatus de las reparaciones y de habitabilidad de las estructuras. Mientras tanto la escena combina personas en carpas, fachadas pintadas y etiquetas amarillas en las paredes
En la parroquia Santa Teresa de Caracas, habitantes del urbanismo Opppe 58 estaban preocupados. Era viernes 21 de agosto y la reparación de la estructura del edificio, luego de los daños que ocasionó el doble terremoto del 24 de junio, no avanzaba tan rápido como deseaban. Además, la contradicción entre dos evaluaciones hechas a la construcción les generaban dudas sobre la verdadera situación del lugar donde vivían.
Según los vecinos, tras la primera inspección al edificio, ubicado frente a la plaza La Concordia, los ingenieros le pusieron una etiqueta roja en la entrada, lo que señalaba que la estructura estaba en riesgo. Esto de acuerdo con el método del semáforo técnico adoptado por las autoridades del gobierno nacional y los gremios involucrados para determinar si luego del terremoto un edificio podía ocuparse (verde), requería intervenciones (amarillo) o debía evacuarse (rojo).
Sin embargo, en una segunda revisión, cambiaron la etiqueta por una calcomanía verde ya que, aparentemente, no hubo daños estructurales. Indicaron, no obstante, que debían demoler y restaurar dos paredes de la planta “para mitigar riesgos”, y que había que corregir afectaciones en los servicios de agua y gas.
Vecinos de la Opppe 58, frente a la plaza La Concordia, pedían que las autoridades los apoyaran para avanzar en las reparaciones | Foto: María Gracia La Cruz
Vecinos de la Opppe 58, frente a la plaza La Concordia, pedían que las autoridades los apoyaran para avanzar en las reparaciones | Foto: María Gracia La Cruz
La misma incongruencia de criterios se detectó en otros dos edificios que construyó la extinta Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (Opppe) en Caracas. Esa es apenas una de las irregularidades que la Alianza Rebelde Investiga (ARI) halló en 14 de los 36 urbanismos levantados por la Gran Misión Vivienda en la capital venezolana. Entre el 15 y el 26 de agosto pasado, un equipo verificó in situ los daños que presentaron 17 edificaciones de la Opppe luego del doblete sísmico. Estos construcciones se eligieron porque, de acuerdo con reportes de medios de comunicación y redes sociales, se sabía que habían sufrido daños.
En total, 14 de los 17 edificios visitados tenían etiqueta amarilla con daños de mampostería en los primeros cuatro a seis pisos de las estructuras. Entre las áreas afectadas se encontraban los locales comerciales, así como las plantas bajas, que obligaron a la mayoría de sus residentes a desalojar temporalmente sus apartamentos y trasladarse en algunos casos a albergues temporales.
Para indagar el impacto de los daños, dos ingenieros acompañaron el recorrido del equipo ARI. En cada visita se completó un formulario para conocer datos del edificio —como el número de torres, pisos o apartamentos por nivel— y el estatus de las reparaciones y de habitabilidad de las estructuras. Se conoció que entre edificios variaba el ente encargado de las restauraciones, bajo la figura de los “padrinos”. Mientras en la mayoría estaban en desarrollo los arreglos, en tres conjuntos residenciales aún no habían iniciado. Solo uno de los edificios renovados (Opppe 11 - Gigante de Latinoamérica) fue entregado de manera oficial a sus beneficiarios con una visita de la presidenta interina, Delcy Rodríguez.
Ingenieros de la Guardia Nacional participaron en la restauración de la Opppe 11, bautizada como Gigante de Latinoamérica, en la parroquia Santa Rosalía | Foto: María Gracia La Cruz
Ingenieros de la Guardia Nacional participaron en la restauración de la Opppe 11, bautizada como Gigante de Latinoamérica, en la parroquia Santa Rosalía | Foto: María Gracia La Cruz
La mayoría de los entrevistados mencionó que el Gobierno les había entregado los materiales que reposaban en la planta baja del edificio o en sus apartamentos, como bloqueos o bolsas de cemento. Sin embargo, en algunos casos señalaban que lo que hacía falta era la mano de obra. Algunos de los que permanecían en carpas en las calles advirtieron que sabían que su presencia ahí era incómoda para las autoridades, y que estos preferían que esa realidad fuese menos visible.
Las otras contradicciones
En la primera revisión de la Opppe 10, en la parroquia Santa Rosalía, sus habitantes contaron que los bomberos estamparon una etiqueta roja en la fachada, al considerar que el acceso a la estructura debía restringirse porque sus residentes corrían peligro. Días después, miembros de la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad de Viviendas e Infraestructura arrancaron la calcomanía para poner una de color amarillo, alegando que sí se podía permanecer en el edificio pero con precaución. En la etiqueta describían como áreas inseguras las paredes con grietas en la entrada y los niveles bajos. No se mencionó que también se cayó la pared de la fachada que da a una peluquería en la planta baja.
A mediados de agosto la mayoría de los habitantes de este conjunto residencial estaban viviendo en carpas en la calle frente al edificio, junto con otro grupo de familias que residían en una pensión cercana. Manifestaron tener dudas sobre si era seguro volver a sus hogares y exigían la visita de un patólogo, porque había averiguado que ese era el especialista experto en investigar el origen y las causas de los daños, deterioros o fallas en las edificaciones.
En la Opppe 10 se cayó una de las paredes en la planta baja que daba a una peluquería que funcionaba en el edificio | Foto: María Gracia La Cruz
En la Opppe 10 se cayó una de las paredes en la planta baja que daba a una peluquería que funcionaba en el edificio | Foto: María Gracia La Cruz
Mientras, en la parroquia San Agustín, la Opppe 16 A de la avenida Bolívar, llamada Omar Torrijos, lucía una etiqueta verde en la entrada de la torre B. Sin embargo, en su interior, los daños en pasillos y dentro de los apartamentos en los dos primeros pisos hizo que un ingeniero independiente que ha participado en este tipo de evaluaciones, y que prefirió resguardar su nombre por temor a represalias, considerara que la clasificación debió ser amarilla. En ese edificio estuvieron alrededor de 21 días sin gas.
A mediados de agosto la fachada de ese urbanismo brillaba como un sol. El mosaiquillo que recubre el exterior del edficio estaba recién pintado de un amarillo intenso y las rejas también tenían un acabado renovado en color gris. En la planta baja de este complejo conformado por cinco torres también destacaba una cancha deportiva recién inaugurada. Los trabajos de reparación comenzaron por fuera de la estructura, mientras aún algunos de sus habitantes dormían en carpas en la calle por los daños que había en sus apartamentos.
En la Opppe 16 A de la avenida Bolívar, llamada Omar Torrijos, primero repararon y pintaron la fachada externa del edificio | Foto: María Gracia La Cruz
En la Opppe 16 A de la avenida Bolívar, llamada Omar Torrijos, primero repararon y pintaron la fachada externa del edificio | Foto: María Gracia La Cruz
En el urbanismo Opppe 16 C, Óscar López Rivera, habitantes de la torre P comentaron que días después del terremoto les habían colocado una etiqueta verde tras una evaluación que consideraron muy superficial. Sin embargo, en una segunda revisión un ingeniero les comentó que la cambiarían a amarillo porque en el interior de la estructura los daños en los apartamentos eran importantes.
Reparaciones a distintos ritmos
Johana Zerpa vive junto a su hija y un nieto en el piso 1 de la Torre A de la Opppe 5, llamada Manuelita Sáenz, en la parroquia Altagracia. En 2023 compró el apartamento para darle estabilidad a su familia. Es trabajadora de la salud, pero desde que se registró el doble terremoto y su vivienda sufrió daños, pidió permiso para faltar a su trabajo y no ha regresado porque considera que debe permanecer en el edificio atenta a cualquier reparación.
En su vivienda sufrieron daños algunas paredes, pero para el día 26 de agosto ya se las habían reparado. Solo faltaba frizarlas. Desde el día del terremoto ella permanece en su apartamento. Aunque opina que son vulnerables ante cualquier eventualidad natural que pueda ocurrir, siente que está segura en casa. "No todos controlamos la parte emocional y hay personas que prefieren no retornar a su hogar por miedo, pero en términos generales pensamos que sí podemos estar aquí", dijo.
Zerpa detalló que las inspecciones fueron inmediatas y recibieron apoyo gubernamental. Aunque el Estado les entregó los materiales para reparaciones, ella corrió con gastos por su cuenta para agilizar los arreglos. Indicó que fueron los propios vecinos los que se organizaron para resguardar la seguridad del edificio.
Habitantes de la Opppe 5 en la parroquia Altagracia, manifestaron que pese a los daños de la estructura se sentían seguros de permanecer en su hogar | Foto: Mairen Dona
Habitantes de la Opppe 5 en la parroquia Altagracia, manifestaron que pese a los daños de la estructura se sentían seguros de permanecer en su hogar | Foto: Mairen Dona
Días atrás, el 15 de agosto, un vecino del urbanismo Opppe 16 A de la Av. Bolívar, conocido como Omar Torrijos, también hacía arreglos por su cuenta en su apartamento. Lucía una camisa con rastros de cemento seco y explicaba que aunque el Gobierno les entregó los materiales de construcción, no había personal obrero disponible. Aunque él no tenía experiencia había decidido ponerse a hacer reparaciones.
Otros habitantes de ese edificios cuestionaron que se priorizara pintar la fachada y una cancha deportiva antes que terminar de reparar los apartamentos donde se cayeron paredes. “Yo no estoy contra el Gobierno, ojo. Pero primero debería estar listo esto aquí adentro”, dijo una de las personas entrevistadas.
Mientras, los beneficiarios del urbanismo Opppe 58, en la parroquia Santa Teresa, contaron que vecinos que son obreros habían hecho trabajos voluntarios con el material que les entregaron, pero que, aunque en una ocasión las autoridades les transfirieron un pago, la mayoría no continuó porque tenía que buscar empleos que les garantizaran una remuneración regular. Señalaron que con las réplicas que hubo posterior al terremoto las grietas que se habían formado el 24 de junio se ensancharon.
Una situación similar vivían, para esa fecha, los urbanismos cercanos Opppe 49 y Opppe 57, por lo que en conjunto redactaron un oficio para las autoridades del Gobierno de Distrito Capital en el que solicitaron personal técnico especializado para avanzar en las reformas. Uno de los residentes se quejó de que en otros edificios Opppe ubicados en Altagracia sí le hacían un pago regular a los albañiles y asistentes.
Otra vecina comentó que aunque los encargados de los locales comerciales en la planta baja de los edificios de la Misión Vivienda deben pagar al Estado un alquiler, le llamó la atención que la Inmobiliaria Nacional (ente que regula la operatividad de los locales) no se mostrase preocupada por acelerar los trabajos para poder asegurar que sigan recibiendo sus recursos.
Los “padrinos”
de las Opppe
Tras los terremotos del 24 de junio el Ejecutivo nacional designó “padrinos” para los distintos refugios que albergarían a las personas que quedaron damnificadas. Se trata de altos funcionarios públicos (como ministros o diputados) que fueron asignados como responsables políticos y operativos de esos campamentos, para así garantizar la atención integral en esos espacios. Siguiendo esa misma línea, a los edificios Opppe en Caracas también les nombraron padrinos, que operan bajo el paraguas del Plan Venezuela Renace. Esta vez se trata de instituciones públicas a cargo de las reparaciones.
Uno de los ingenieros que acompañó este recorrido, y observó cómo cada edificio tenía un ente encargado o padrino distinto, consideró que no había sido la decisión más conveniente porque es más probable que cada quién maneje un estándar distintos, y que alguna estructura pueda resultar más favorecida que otra en cuanto a los materiales o los acabados.
El 22 de julio el Gobierno de Distrito Capital aseguró que mantenía desplegado su Gabinete de Servicios en lo que llamaron “La Ruta de la Inspección” en distintas parroquias de Caracas tras los terremotos. Dijeron que sus cuadrillas realizaban labores de rehabilitación en los espacios de la Opppe 2 y la Opppe 12, ubicados en la parroquia San José y parroquia Candelaria respectivamente.
En el edificio Opppe 16 A (Omar Torrijos) el “protector” también era el Gobierno de Caracas, mientras que en el edificio hermano Opppe 16 B (Los Cinco Héroes Cubanos) el padrino era la Misión Barrio Nuevo-Barrio Tricolor.
En la Opppe 16 C (Óscar López Rivera) los residentes que se encontraban aún en carpas en la calle señalaron que esa estructura estaba a cargo una empresa privada contratada por el Estado que no supieron nombrar. En ese urbanismo llamó la atención que en la fachada estaban dispuestas, a diferencia de en las torres hermanas, distintas señalizaciones para prevenir a los transeúntes.
Vecinos de la torre P de la Opppe 16 C reportaron que en una primera etapa los contratistas tuvieron que despedir a un grupo de obreros que cometió hurtos | Foto: María Gracia La Cruz
Vecinos de la torre P de la Opppe 16 C reportaron que en una primera etapa los contratistas tuvieron que despedir a un grupo de obreros que cometió hurtos | Foto: María Gracia La Cruz
En la misma avenida Bolívar, en la Opppe 15, conocida como Ojos de Chávez, el padrino encargado de las reparaciones era el Ministerio de Obras Públicas. A mediados de agosto en el edificio estaban en marcha los arreglos. Por los daños que sufrió la estructura, le pusieron etiqueta amarilla y a diferencia de otros casos, a los inquilinos se les prohibió habitar el edificio.
La vocera política del urbanismo, Geraldine Chagaray, explicó que llegaron al acuerdo de que los vecinos podían subir a sus apartamentos en tres horarios supervisados: mañana, tarde y noche. “Para eso se le avisa a los ingenieros a cargo para que sepan por qué entrada van a subir las personas”. A pesar de que existe esta restricción, el día de la visita un local de la Misión Nevado ubicado en la planta baja del edificio se encontraba abierto, y una larga fila de personas con sus mascotas aguardaban para ser atendidos.
Chagaray agregó que en ese conjunto residencial, donde viven alrededor de 143 familias, las reformas iniciaron rápido, días después del terremoto. Como no pueden dormir en el edificio, la mayoría de los habitantes se quedan en carpas que instaló el Gobierno en el Nuevo Circo. Funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y Policaracas se mantienen en la zona en labores de seguridad.
En la restauración de la Opppe 11, bautizado como Gigante de Latinoamérica, en la parroquia Santa Rosalía, participaron ingenieros de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), según consta en un papel pegado a la cartelera en la planta baja del edificio. De todas las estructuras visitadas esta es la única donde se conoció cuánto se había invertido en las reparaciones: 167.492,14 dólares. En ese edificio se detalló que instalaron un nuevo sistema hidroneumático, repararon los ascensores, restablecieron el gas directo e instalaron fibra óptica en cada apartamento.
Habitantes de la Opppe 11 en la Av. Bolívar permanecían en carpas porque no podían dormir en la estructura. Sin embargo, les permitían entrar puntualmente en tres horarios | Foto: María Gracia La Cruz
Habitantes de la Opppe 11 en la Av. Bolívar permanecían en carpas porque no podían dormir en la estructura. Sin embargo, les permitían entrar puntualmente en tres horarios | Foto: María Gracia La Cruz
Si están
en carpas,
que no se vean
De los 17 urbanismos visitados, seis se encontraban habitados, nueve estaban habitados parcialmente y en dos no estaban ocupados los apartamentos. Además, en siete de los edificios había campamentos a sus alrededores, algunos con carpas e instalaciones más sólidas que otras.
Mirla Peña, vocera de la Opppe 10 en Santa Rosalía, contó que las autoridades les habían pedido que movieran sus carpas improvisadas de la avenida Sur 1 hacia la parte trasera del edificio, en una pequeña área del estacionamiento, donde no serían tan visibles ni obstruirían el tránsito. Sin embargo, los vecinos se negaron. Comentó que los mismos residentes ahí se organizaban para hacer guardias y preservar la seguridad del edificio, ya que cerca había una edificación invadida y temían correr con la misma suerte. Para el momento del recorrido ya se habían robado de allí algunos cables y materiales del local que funcionaba como una peluquería en planta baja y que quedó expuesto cuando se cayó su fachada.
Habitantes de la Opppe 10 denunciaron las dificultades que enfrentaban al permanecer a la intemperie | Foto: María Gracia La Cruz
Habitantes de la Opppe 10 denunciaron las dificultades que enfrentaban al permanecer a la intemperie | Foto: María Gracia La Cruz
Justo en el estacionamiento de la Opppe 9, conocido como Sueño de Chávez, se encontraban varias carpas de residentes de ese edificio. La cancha deportiva se había convertido en una cocina improvisada. Un par de vecinos, que montaron un puesto de café cerca de la entrada, contaron que el edificio aún no estaba habitado y que varios de los residentes permanecían en el campamento transitorio “Francisco Pimentel”, en la parroquia Santa Teresa.
Beneficiarios de las Opppe ubicadas en la avenida Bolívar comentaron que también habían sentido presión para recoger sus carpas, pero que ellos se negaron. “Muchos nos critican por tener la carpa sin saber qué es lo que está pasando”, dijo una de las personas y explicó que tenía familiares con asma y no podían estar en el apartamento mientras se hicieran los arreglos. Otra persona alegó que no dejaría las carpas antes de que le entregaran su vivienda lista, por desconfianza de que si volvían a sus hogares no les terminaran de reparar todo.
Al cumplirse tres meses del doblete sísmico —y ante la ausencia de un balance oficial actualizado sobre su impacto en el país— la normalidad continúa suspendida para muchos. En la avenida Bolívar, las carpas que se han integrado al paisaje son el recordatorio de que aún hay quienes viven a la intemperie bajo la incertidumbre de cuándo volverán a casa.
CRÉDITOS
Coordinación editorial: Lorena Meléndez y Liz Gascón | Reportería y texto: María Victoria Fermín y Mayreth Casanova | Base de datos y mapa interactivo: Mayreth Casanova | Fotos: María Gracia La Cruz y Mairen Dona | Montaje: ET | Coordinación ARI: Ronna Rísquez

